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martes, 8 de septiembre de 2015

Cueva Esjamundo - Un mundo bajo nuestros pequeños pies...


Y el día de Asturies lo vamos a celebrar en una cueva!! Erik y yo estamos muy nerviosos! Vamos a entrar en nuestra primera cueva de las de verdad! Tenemos un poco de miedo a la oscuridad, pero poco a poco se nos va quitando y con los frontales vamos viendo todo lo que hay dentro! Vimos estalactitas y estalacmitas! Alguna columna! Y hasta banderas que hacían música! No hay ruido... y queremos ir juntos todo el camino para ir riéndonos y jugando.
Y como siempre, lo que más nos gustó al final, fue el almuerzo y el correr después fuera de la cueva!



































lunes, 13 de octubre de 2014

Cueva de la Mora

Tiempo de subida: 55 min
Tiempo de bajada: 40 min

Este es el relato correspondiente a la Cueva de la Mora, situada en término de Aquilué, cerca del santuario de la Virgen de los Ríos, en la margen derecha de un barranco.

Se encuentra en el término municipal de Aquilué, lugar de Caldearenas, provincia de Huesca. Su caserío se encara ya con los Pirineos. Al frente se alza la sierra del Salvador y, abajo, al fondo, discurre el río Matriz, que es más bien arroyo.

El propio Enrique Satué la visitó en 1979. Se encuentra casi superpuesta a la resplandeciente ermita jesuística, sobre el arroyuelo que baja de la Sierra de Bonés. Se accedía indistintamente por dos oquedades paralelas. El relato dice: "Después de reptar cuatro metros, dimos con dos salitas comunicadas entre sí, de unos nueve metros cuadrados cada una. De verdad que imponía estar allí".

La cueva sirvió de refugio a una bella sultana mora de gran belleza,cuyo nombré. se ha perdido con el paso del tiempo. Se supone que la sultana mora buscó aquel refugio para esconderse, al saberse perseguida por los suyos debido a que se había enamorado de un cristiano.

Todos los días , subía a peinar a la sultana una mujer de Casa Larrede. Para tal menester utilizaba un peine de oro. La peinadora tenía fama de bruja y recibía pepitas de oro como pago. Sólo una condición le ponía la mora: que jamás debía volver la vista hacia la cueva cuando regresara al pueblo, de lo contrario perdería el oro. 
Pero un día la montañesa notó los pasos de una vaca a su espalda, se volvió y se quedó sin su riqueza. Luego, en Casa Larrede nunca dejaron de producirse extraños ruidos por la noche, de manera que el silencio sólo se recuperó cuando llegó la luz eléctrica.